FOBIA SOCIAL: LA TIMIDEZ PATOLÓGICA

 

Diario "La Verdad"

 

                       

                        El término “fobia” proviene de la palabra griega “phobos” (miedo, pavor) y se utiliza en psicología para categorizar aquellos trastornos que implican la reacción de miedo intenso, acompañado de evitación,  que presentan algunos individuos frente a estímulos o situaciones que objetivamente no justifican tales respuestas “ansiosas”.

                        En otra oportunidad me extenderé sobre los aspectos y características de las fobias en general. En este artículo me centraré en una de sus categorías: la fobia social, también denominada “trastorno de ansiedad social”, ya que se trata de una disfunción compleja (los psicólogos huimos de emplear el término de “enfermedad”) muy extendida entre la población, que afecta aproximadamente a un 3,8 por ciento de la misma.

                        Todos en alguna ocasión nos hemos sentido temerosos en situaciones sociales diversas (hablar en público, interactuar con desconocidos, relacionarnos con el sexo opuesto, etc...); esto es así porque el aprendizaje de la conducta social comienza en el colegio: nuestras primeras relaciones las establecemos en clase y con los amigos, e indudablemente este aprendizaje no está exento de dificultades. Los niños  menos adaptados, con problemas familiares, o con  determinadas características de personalidad, no responden “socialmente” como esperan de ellos sus propios compañeros y de aquí parten algunos de los problemas que de adultos configurarán el trastorno de ansiedad social. Además, la adolescencia es un periodo crítico y durante esta etapa se desarrolla un elemento importante del trastorno: el miedo a ser evaluado (criticado, analizado) en grupos pequeños de compañeros, lo que lleva al adolescente a desarrollar una baja autoestima, a mostrarse con timidez  y a presentar los característicos miedos sociales.

                        Es evidente, por tanto, que la  intervención psicológica en estos periodos iniciales  de aprendizaje de la conducta social es crucial para evitar el desarrollo de la fobia social cuando disponemos de elementos que nos hacen sospechar de una predisposición a la misma. Pero,  ¿qué ocurre con los adultos que adolecen de este trastorno?, ¿cómo pueden superar este problema y mejorar de este modo su calidad de vida?.

                        La evitación sistemática de las situaciones sociales deseadas y el temor exagerado a las críticas, junto con una autoestima muy deficiente, constituyen  los síntomas nucleares del trastorno de fobia social en el adulto. Por añadidura, la timidez (entendida como característica de personalidad) se solapa en gran medida con el mismo. .

                        Previo a cualquier tratamiento psicológico con un profesional es primordial  reconocer si  el problema está afectando gravemente el  funcionamiento social cotidiano, si dificulta el establecimiento de relaciones de pareja, si merma el rendimiento  profesional del afectado,  si se percibe un deterioro de las relaciones de amistad o las interacciones con otros conocidos, vecinos o compañeros de trabajo. Si no es así es probable que la persona no precise ayuda profesional y únicamente deba llevar a cabo determinadas actividades que le permitan superar su problema progresivamente: incrementar la calidad y cantidad de sus relaciones sociales, aunque conlleve una cierta dosis de ansiedad (esta “tensión” remitiría tras percatarse de ser aceptado por los demás); mejorar las habilidades de comunicación (existen infinidad de libros de auto-ayuda en este sentido); iniciar una relación de pareja estable; disminuir el consumo de alcohol y de ansiolíticos (éstos reducen los “miedos” durante un corto espacio de tiempo) y hablar sobre el problema con alguien de confianza. No obstante la ayuda terapéutica no es desdeñable aunque los síntomas sean leves.

                        Si el afectado de trastorno de ansiedad social lo está en un grado elevado es imprescindible acudir a un profesional que le oriente debidamente y que reciba el tratamiento psicológico adecuado. Este comprendería (además de lo dicho anteriormente para problemas leves): una evaluación del caso, la exposición a las situaciones de ansiedad de forma controlada y de acuerdo a un plan específico, psicoterapia cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales, procedimientos para la mejora de la autoestima y orientados al aumento de las expectativas de cambio y técnicas específicas orientadas a la reducción de la ansiedad.

                        En todo caso, mi consejo no es otro que el tender nuestro brazo a los demás. Vivimos en un mundo muy complejo y no deberíamos perder de vista que somos seres sociales y que necesitamos del cariño, la compañía y el amor de los que tenemos más cerca. Asimismo debemos entregar un poco de nosotros cuando somos requeridos para ello. Hay que transformar el miedo a los otros por un cariño muy respetuoso por quienes nos rodean; esta vida es un viaje muy corto que no debemos malgastar en aislarnos de los demás; superar el miedo es el  primer paso para reencontrarnos con nuestros amigos y con nosotros mismos.

 

ALBERTO BERMEJO MERCADER

Psicólogo Clínico -  Gabinete de Psicología EIDOS