DOLOR CRÓNICO

 

Diario "La Verdad" 

 

Por ALBERTO BERMEJO - Psicólogo Clínico -

       Gabinete de Psicología “EIDOS” - ALICANTE

 

            Hace unos días tuve ocasión de entrevistarme con miembros de la Asociación Española de Fibromialgia de Alicante (1). La fibromialgia es un cuadro clínico de dolor crónico en varias regiones articulares, con hipersensibilidad a la presión, fatigabilidad, rigidez de músculos y otra serie de características sintomatológicas importantes. Se conoce poco acerca de este síndrome de dolor crónico; parece ser que las últimas investigaciones muestran que podríamos encontrarnos ante un desorden

neuro-inmuno-endocrinológico (no es un proceso reumático) con una alta implicación de variables psicosociales que estarían modulando la expresión de dolor y el resto de la sintomatología de esta enfermedad.

            La fibromialgia no es el único cuadro clínico en el que se halla presente un proceso de dolor crónico. Lo hallamos presente en las cefaleas, neuralgias, artritis, lumbalgias, cáncer, etc. Es el mayor problema de salud en nuestra sociedad. Concretamente en Estados Unidos, en el transcurso de un año,  un 10-15 por ciento de  adultos han padecido algún tipo de discapacidad laboral debido únicamente a dolor lumbar.

El dolor crónico: piedra de toque para la medicina.

            El tratamiento del dolor crónico sigue siendo una asignatura pendiente para la Medicina:  hasta la fecha no se ha establecido consistentemente las bases neurofisiológicas y bioquímicas implicadas en la percepción del dolor; es por ello que en ocasiones la Medicina se ha mostrado impotente para ayudar e incluso involuntariamente ha contribuido al desarrollo de algunos problemas de dolor crónico (efectos secundarios quirúrquicos, abuso de medicación, etc..)

            Antes de seguir adelante, ¿qué se entiende por dolor crónico?.  Lo entenderemos mejor si definimos previamente el dolor agudo. El dolor agudo está asociado a una causa específica y bien localizada (p. ej. una herida), tiene una aparición rápida y un posterior mantenimiento a lo largo de un período más o menos amplio hasta que desaparece la causa que ha producido el dolor. El dolor crónico se diferencia del anterior en su desarrollo temporal:  se identifique o no la causa  del mismo, se mantiene por un largo período de tiempo, más allá del momento de la curación: el dolor persiste crónicamente, resistente al control quirúrgico o farmacológico, asociado a otros trastornos como pueden ser la depresión o la ansiedad. Es un proceso complejo en el que se hallan implicados aspectos neurológicos, neuroendocrinos, psicológicos y sociales, no bien establecidos hasta el momento.

 

La Teoría de la Puerta; factores que empeoran el dolor

            El modelo científico más influyente que explica e integra todos los aspectos presentes en el problema es la Teoría de la Puerta, de Melzack y Wall (1982). Este modelo afirma que los mensajes de “dolor” que llegan hasta el cerebro desde una “zona dañada” o “foco de dolor” , están modulados por los mensajes que el propio cerebro transmite por esas mismas vías nerviosas. Es decir, es la interacción mensajes nerviosos de “ida y vuelta”  lo que configura o no la percepción del dolor; en determinadas circunstancias los mensajes (impulsos nerviosos) de dolor pueden variar en intensidad, ser bloqueados o “dispararse” eventualmente.

            El trastorno de dolor crónico está mediado pues por distintos factores y no sólo por la extensión de la lesión. Estos factores influyen en la posición de la “puerta” de entrada del dolor, modulando la cantidad de estimulación que llega hasta el cerebro. Los factores que hacen empeorar el dolor son:

            1. Factores físicos:

               - Extensión del daño y/o de los cambios degenerativos

               - Extensión de la cicatrización residual y otras reacciones físicas al daño

                  después de la curación (por ejemplo condiciones de circulación, inflamaciones

                  y otros cambios del tejido liso).

               -  Cambios no específicos, por ejemplo, estenosis vertebral ligera, pérdida de

                  simetría.

               -  Mal funcionamiento de los sistemas muscular o arterial, debido

                   probablemente a una debilidad hereditaria.

            2. Factores emocionales:

               - Ansiedad, preocupación, tensión

               - Ira y altos niveles de excitación

               -  Depresión.

               Estos factores pueden ser provocados por el mismo dolor o por otros acontecimientos de la vida diaria.

            3. Factores mentales:

               - Grado de localización de la atención en el dolor.

               -  Aburrimiento (a menudo es producto de la reducción de actividades para

                  combatir el dolor).

               -  Creencias y actitudes acerca del significado del dolor (por ejemplo, compare

                   la intensidad de un dolor en el pecho si cree que se debe a una indigtestión

                   o si cree que se debe a un ataque cardíaco. No se siente lo mismo, pero es el

                   mismo dolor).

               -   Falta de control sobre el dolor (baja tolerancia al dolor). Muchos pacientes

                   de dolor crónico sienten que no pueden controlar su dolor. Un comentario

                   típico es: “El dolor controla mi vida”.

Control y autodominio del dolor

            La Medicina aporta soluciones imprescindibles al problema de dolor agudo y a los factores puramente fisiológicos que se hallan a la base de un trastorno de dolor crónico:  fármacos (sedantes, relajantes musculares, ansiolíticos, etc.), contraestimulación (calor, masaje, acupuntura...), cirugía... Pese a los efectos secundarios de algunas de estas intervenciones, es preciso actuar de este modo para aliviar el sufrimiento del paciente. Las soluciones médicas son más cuestionables en los procesos emocionales y “cognitivos” (mentales) secundarios al dolor crónico. Para afrontar estos aspectos de la enfermedad se precisa tratamiento psicológico

cognitivo-conductual que fundamentalmente ayude a los pacientes a conseguir el pleno dominio y control del proceso de dolor, con objeto de reducir las sensaciones de dolor y de mejorar su calidad de vida apreciablemente.

            Una correcta intervención desde esta perspectiva pasa por la aplicación de técnicas para la modificación de las conductas de dolor (presentes en muchos pacientes; p.ej. inactividad laboral o profesional);  movilizar recursos y aprendizaje de habilidades tendentes a la reducción de la tensión (relajación, técnicas de respiración, programación de ejercicio físico...); intervenciones psicológicas a nivel emocional (autorregulación emocional, hipnoterapia,  terapia de estrés, terapia autoinstruccional...); e introducción de técnicas cognitivas (referidas a los procesos de “pensamiento”) de resolución de problemas, reestructuración, eliminación de pensamientos desadaptativos, reinterpretación del dolor, etc...

            No debemos dejar que el dolor frene nuestra actividad ordinaria. Sabemos que es un problema grave, en algunos casos incapacitante; pero no olvidemos que disponemos de “herramientas” válidas  para hacerle frente adecuadamente y conseguir mejorías apreciables en nuestra calidad de vida.

 

Alberto Bermejo

 Gabinete de Psicología “EIDOS” de Alicante

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