PSICOLOGÍA/HOMBRES
Texto: Joaquín
Vera – Con la colaboración de Alberto Bermejo, psicólogo conductual
Cuando ellos son tímidos
Por norma, la
sociedad asigna injustamente al hombre la obligación de “ligar” y a la mujer la
de “dejarse ligar”. Pero no todos pueden hacer frente a este “deber”. Son los
tímidos, quienes parten con un peso añadido en la ya de por sí difícil tarea
que es el arte de conquistar.
Álvaro es
tímido con las mujeres. No tiene ningún problema en decirlo. De hecho, resulta
evidente viéndolo hablar con una mujer con la que, digámoslo así, tenga
posibilidades de ligar. “Me bloqueo, no
sé qué decir”, explica. Él es uno de los muchos hombres a los que ataca la
timidez cuando intentan coquetear con una mujer. “En algunos casos, las personas pueden expresar su timidez en
situaciones heterosociales
con respuestas de ansiedad social”, explica Alberto Bermejo, psicólogo
conductual del Gabinete EIDOS, en referencia a esta sensación de bloqueo.
Según la situación
Y es que muchas
personas pueden llevar una vida completamente normal, sin que les moleste su
timidez, hasta que lleguen los inevitables momentos de coqueteo. “Yo, por norma, soy bastante extrovertido
con mis amigos”, comenta Álvaro, quien aclara que es un poquito más
reservado “con los desconocidos, aunque
no mucho más”. “Sin ir más lejos,
hacer estas entrevista no me cuesta un gran esfuerzo”, comenta este
barcelonés, quien reconoce que con las fotos no lo ha tenido tan fácil. “Sólo sabiendo que cámara es un nombre
femenino ya temblaba”, bromea.
La sombra de la
timidez, fruto de factores genéticos, psicológicos, sociales y fisiológicos, es
caprichosa y oscurece más unas situaciones que otras. “Lo complicado llega cuando se trata de ligar con mujeres, la situación
se me pone muy cuesta arriba”, apunta y confiesa: “no me
quiero imaginar lo mal que lo pasaré si alguna desconocida se me acerca y me
dice que me ha visto en este reportaje”.
Su cuerpo les delata
¿Y
cómo se traduce esta “cuesta arriba”? Los síntomas psicofisiológicos
evidentes más habituales son sudoración, temblores y rubor, indicios que
dificultan que el tímido se desenvuelva con soltura en sus relaciones sociales.
“Algunos tímidos, por ejemplo, sufren
mucho por padecer una gran propensión a ruborizarse”, señala el psicólogo, quien revela que “algunos pacientes, curiosamente, me consultan exclusivamente para
poder controlar este síntoma”.
Nuestro
tímido apunta otros síntomas más populares.
“La mente se me queda en blanco; los
temas de conversación, aunque los haya a cientos, se me agotan; sea como sea la
mujer que tenga delante, me impone tanto que no sé qué decir”, afirma
Álvaro.
La sociedad marca
El tímido no nace, se hace. El conjunto de experiencias en las vida nos marca profundamente y la timidez puede ser un resultado de experiencias sociales conflictivas. “Con cierta frecuencia nos encontramos con que las experiencias con las chicas en el pasado del tímido han sido agónicas”, comenta Bermejo, quien aclara que “en una sociedad machista como la nuestra el fracaso con parejas anteriores pasa factura y arruga a los hombres”. La presencia de pensamientos negativos específicos sobre las relaciones con el otro sexo también puede ser un motivo para desarrollar conductas retraídas. “Una educación deficiente o inapropiada igualmente puede contribuir a crear estas actitudes”, señala el especialista.
Causas personales
Y es que seguramente todos
conocemos a alguien tímido, pero quizás nunca nos hayamos parado a pensar qué
características personales pueden influir en estas actitudes. Además de las ya
indicadas, otras pueden ser:
- La baja autoestima. Cuando
uno se quiere poco a sí mismo, la falta de seguridad incide negativamente en
todas las relaciones y es un excelente caldo de cultivo para la timidez.
- El aspecto físico. No nos
engañemos: ser atractivo puede ser más que útil para contrarrestar el concepto
anterior. También cabe destacar que es arriesgado generalizar en este sentido,
ya que no todos los guapos están exentos de padecer timidez.
- El nivel intelectual. A
pesar de que no se puede tomar como regla, es lógico que las personas más
inteligentes se desenvuelvan mejor socialmente.
- Las habilidades sociales.
El dominio de ciertas destrezas en las relaciones personales, como pueden ser
la elocuencia o el don de gentes, puede ayudar a dejar en segundo plano este
problema.
Atenuar el problema
La timidez, que no está
considerada como una enfermedad, es un problema que, aunque es difícil de
superar, puede reducirse. Y se puede atenuar de tal manera “que no interfiera gravemente en la vida cotidiana”, como indica
Alberto Bermejo, “de forma que pase de
ser un grave problema a ser simplemente una molestia ocasional”. Dependiendo del nivel de timidez, el
problema puede ser suavizado por uno mismo –en grados muy superficiales- o con
ayuda de un psicólogo en el resto de casos, para lo que se necesita realizar
una evaluación de los problemas de la persona y conocer su
respuestas en situaciones sociales.
“Yo me he planteado muchas
veces la posibilidad de combatirla, de intentar ponerle freno conscientemente”, cuenta Álvaro. “Intento pensar fríamente, pero no puedo,
es superior a mí. Y sé que si no fuera tan tímido no me iría tan mal con las
mujeres”, puntualiza.
Falsas apariencias
Como a cualquier otra
persona, la acción de un par de copas ayuda a los tímidos a desinhibirse en sus
relaciones sociales, a soltarse. Todos sabemos que el alcohol, como depresor
del sistema nervioso que es, desata la lengua y reduce la atención sobre uno
mismo, dos problemas que atenazan principalmente al tímido. Su consumo en
cantidades reducidas levanta el estado de ánimo, produce una sensación de euforia
y reducen el sufrimiento del estrés. Por ello, los tímidos encuentran en
ocasiones una salida –efímera, eso sí- en esta solución etílica. “Es cierto que con un par de copas estás
más suelto”, confirma Álvaro, pero inmediatamente precisa. “Lo puedes hacer algún día que te apetezca,
pero tampoco es cuestión de estar todos los días bebiendo para ligar. Yo tengo
muy claro que hacerlo no es más que engañarte un poquito”.
¿Cómo ligarle?
Acostumbradas al estereotipo
social que “obliga” al hombre a llevar la batuta en el coqueteo, en la mayoría de las ocasiones las
mujeres esperan a que él dé el primer paso y se las “ligue”. Ceñidas a este
patrón, cuando dan con un tímido la cosa se complica. ¿Qué hacer entonces? “La mujer enamorada de un hombre tímido
debe ser simplemente ella”, explica Bermejo, “no necesita ningún truco”.
Eso sí: “lo importante es no presionarle ni manipularle”, especifica el
psicólogo, “ya que éste puede ser un
punto débil del tímido: la reactividad a la manipulación. Si la mujer presenta algunos rasgos
agresivos o desafiantes puede hacer que el tímido se aleje porque no sepa
manejar la relación”.
Álvaro aporta su visión al
asunto. “A mí me suelen ligar, porque si
alguna mujer espera que yo me lance la verdad es que lo tiene un poco difícil”.
Y continúa. “Y no es porque me haga el
chulito o el inaccesible, que imagino que alguna lo pensará, o porque no me
apetezca tener que currármelo;
simplemente es porque lo paso mal cuando he de tomar yo la iniciativa”, insiste este barcelonés, que matiza
que “alguna vez lo he hecho, que conste”. Y para finalizar hace un apunte, a
modo de consejo, para decantar la balanza del lado de los tímidos: “la mujer no debe valorar la timidez como
algo negativo y ha de ser un poco más comprensiva de lo habitual con el hombre,
porque, lo aseguro, éste lo agradecerá”. ¿Difícil? Cuestión de intentarlo.
DESPIECE
Armas de doble filoHoy en día los tímidos han encontrado unos rincones desde los que pueden relacionarse sin miedos con el resto de gente: son los chats en Internet y el sistema de comunicación a través de mensajes SMS desde teléfonos móviles. “En el chat y con el móvil me suelto más. Imagino que el hecho de no tener a la persona delante y ver su reacción inmediata me permite lanzarme más”, comenta Álvaro, a lo que el especialista concreta. “Son medios en los que estas personas se ven más protegidas y donde las señales de su timidez (sudoración, rubor, temblores...) no les delatan”, explica Bermejo. Pero no es oro todo lo que reluce. “Pueden ser armas de doble filo. Por un lado facilitan la comunicación interpersonal, haciéndola más accesible; pero por otro pueden facilitar el aislamiento de personas que padecen miedos sociales, y, con ello, dificultar cualquier intercambio social usual, cara a cara”, puntualiza el psicólogo.
DESTACADOS
(Incluida la foto de retrato
sonriente)
TESTIMONIO- Álvaro, 25 años,
Barcelona- “No es que me haga el chulito o el inaccesible con las mujeres;
simplemente es que lo paso mal cuando he de tomar yo la iniciativa”
-
“La mujer enamorada de un
hombre tímido no necesita ningún truco, simplemente debe ser ella”
Alberto Bermejo - Otros CONSEJOS del Psicólogo:
1. El más importante: no dejar que la
timidez nos haga perder oportunidades
de conocer gente y de relacionarnos con otras personas. Hay que buscar
ocasiones para exponernos ante los demás y tolerar cualquier grado de
ansiedad social que podemos experimentar.
2. Trazarnos algún plan para superar nuestros temores, afrontando las
situaciones que tememos, comenzando por las menos complicadas y terminando
con las más difíciles.
3. Recordar que las sensaciones fisiológicas experimentadas (ansiedad) no
son dañinas: podemos tolerarlas.
4. Tener muy claro que los miedos sociales NO SON MIEDOS REALES.
5. Cuando padezcamos algún temor social, intentaremos "descubrir" que
mensaje o autodiálogo hay implicado (¡siempre hay
alguno!), aprovechando
para debatir su autenticidad. P.ej. "Si me pongo
colorado, ellas no querrán
hablar conmigo".
6. No hay que huir. Si esperamos lo suficiente, el temor desaparecerá.
7. Respirar despacio y aprovechar si nos es posible para realizar algún tipo
de estrategia de relajación sencilla.
8. Durante un encuentro interpersonal, dejemos de orientar nuestra atención
hacia lo que los demás piensan de nosotros o hacia nuestras propias
sensaciones corporales. Centrarla en nuestro discurso, los mensajes del
otro/a o bien utilicemos de forma provisional la distracción (¡pero haciendo
regresar pronto nuestros pensamientos a la interacción social!).
9. Puede ser útil emplear eventualmente la "parada de pensamiento".
Consiste
en cortar de raíz el flujo de consciencia (si está
dominado por pensamientos
negativos) con una orden mental interna y enérgica de parada, stop, bloqueo,
etc. de la corriente de pensamientos.
10. Nuestra actuación en público suele ser mejor de lo que inicialmente
pensamos al respecto. Es un buen ejercicio grabarnos en video en situaciones
de interacción social y comprobar que no lo hacemos tan mal como creemos y
que tampoco se nota tanto que estamos "nerviosos".
11. El sonrojo, temblores, el nerviosismo, pueden aparecer eventualmente. En
tal caso, convendría no prestarles atención especial o incluso reirnos de
nosotros mismos para desdramatizar un poco la situación.