Aplicación de la terapia de conducta coadyuvada de
sugestión en hipnosis en un caso de trastorno obsesivo-compulsivo.
José
Fernando Calvo Mauri
Psicólogo
Clínico
Alumno
de la XVI Rotación de la Unidad de Docencia y Psicoterapia.
Unidad
de Salud Mental Gerencia Atención Primaria-INSALUD. Ceuta.
Alberto
Francisco Bermejo Mercader
Psicólogo
Master
UNED en Terapia de Conducta
Gabinete
de Psicología "EIDOS".
Alicante
Manuel
Ramírez Truncer
Psicólogo
Doctor
en Psicología por la Universidad de Granada
Gabinete
de Psicología. Jaen
Resumen.
Se
revisa en el presente trabajo el diagnóstico de trastorno obsesivo compulsivo
(DSM IV. Eje I:42.8). Incluyéndose una revisión de las teorías del aprendizaje
en relación a la génesis y mantenimiento del trastorno; una revisión sobre el
procedimiento hipnótico y sus posibles implicaciones en la terapia de conducta;
asimismo se revisa la metodología cuantitativa de análisis de series temporales
propuesta por Tryon basada en el estadístico C de Young y su utilidad en el
trabajo del clínico. Por último se analiza el proceso terapéutico y resultados
en una paciente con el diagnóstico mediante un entrenamiento en prevención de
respuesta y refuerzo positivo encubiertos realizado mediante procedimiento de
inducción hipnótica.
Dirección
José
Fernando Calvo Mauri
Unidad
de Salud Mental
Gerencia
de Atención Primaria. INSALUD. Ceuta
C/Recinto
Sur, SN. Ceuta 51001.
1. Trastorno Obsesivo-Compulsivo
El
término es utilizado por primera vez en el sentido actual por Wartburg en 1799
y se difunde a lo largo del Siglo XIX a partir de los trabajos de Luys, en su
primera mitad, y Faluet, a finales del siglo (Vallejo, 1998). Tradicionalmente,
la etiología y gnosología de los estados obsesivos han sido fuente de confusión
y polémica desde el Siglo XIX, bien sean por su origen -intelectual, volitivo o
emocional- bien por su inclusión en el marco de las neurosis o en el de las psicosis
(Vallejo, 1987).
La
prevalencia real del trastorno en población general es desconocida,
valoraciones antiguas la sitúan en el 0.05% mientras que estudios mas modernos
lo hacen cercana al 2%, esto puede ser explicable por la existencia de muchos casos
que permanecerían ignorados en su medio, bien por la latencia media entre los
primeros síntomas y la primera consulta, que puede rondar los 9 años, o bien
por la inclusión en los estudios más modernos en el diagnóstico de síntomas
reales que no constituyen una autentica enfermedad. El inicio del trastorno se
sitúa entre los 20 y 40 años, con dos terceras partes con clínica activa antes
de los 20 años y un 15% sobrepasado los 35; con una distribución por sexos
equitativa; y, asumiendose tradicionalmente aunque sin pruebas concluyentes,
con mayor probabilidad entre clases acomodadas, buena dotación intelectual y
esmerada educación (Vallejo, 1998)
Los
criterios actuales de diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se
clasifica en la DSM IV en el eje I como. F42.8, gnosológicamente lo incluyen
dentro de los trastornos de ansiedad y caracterizado por (American Psychiatric
Asociation, APA, 1994) :
A.
Presencia de obsesiones y compulsiones
Obsesiones definidas por:
S
Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y
persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e
inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos.
S
Los pensamientos, impulsos o imágenes no se
reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real.
S
La persona intenta ignorar o suprimir estos
pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros
pensamientos o actos.
S
La persona reconoce que estos pensamientos,
impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen
impuestos como en la insersión del pensamiento.
Las compulsiones se definen por
S
Comportamientos o actos mentales de carácter
repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una
obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente
S
El objetivo de estos comportamientos u
operaciones mentales es la prevención de algún acontecimiento o situación
negativa; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no
están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar i
prevenir o bien resultan claramente excesivos.
B. En algún momento del curso del trastorno la persona ha
reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o
irracionales
C.
Las obsesiones o compulsiones provocan un
malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (mas de una
hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus
relaciones laborales (académicas en su caso) o su vida social
C.
Si hay otro trastorno del Eje I, el contenido de
las obsesiones o compulsiones no se limita a él.
C.
El trastorno no se debe a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia de una enfermedad médica
Especificar con
poca conciencia de enfermedad: si, durante la mayor parte del tiempo del
episodio actual, el individuo no reconoce que las obsesiones o compulsiones son
excesivas o irracionales
No
existe evidencia científica solvente, fuera del presupuesto general de que se
pueda actuar sobre aspectos de personalidad obsesiva o en casos benignos, que
permita inferir que los TOCs puedan beneficiarse del psicoanálisis o las
psicoterapias de orientación analítica (Vallejo, 1998).
Con
respecto a los abordajes farmacológicos, se han propugnado múltiples intentos
de abordaje: cocaina, anfetaminas, psilocibina, LSD, choques de acetilcolina,
curas de sueño, aunque en la actualidad todas en desuso. También se han
utilizado tratamientos con ansiolíticos y antipsicóticos, con resultados,
incluso, contraproducentes
(Yaryura-Tobias y Neziroglu, 1983; Vallejo, 1998).
El
tratamiento farmacológico de elección son los antidepresivos (Vallejo, 1987,
1998), siendo el de eficacia mas demostrada la clomipramina a dosis elevadas
(200-300 mg) con tratamiento prolongado a lo largo de toda la vida, dado que su
supresión acarrea recaídas a dosis de mantenimiento de 100-150 mg.
Consiguiendose bajo estas condiciones una tasa de efectividad cercana al 60% de
los casos. También hay evidencias de efectividad con el uso de otros
antidepresivos, como los IMAOs (fenelcina a 45-75 mg) o los ISRS (fluvoxamina a
150-300 mg; flouxetina a 40-80 mg; paroxetina a 40-60 mg; sertralina a 100-200
mg) aunque se asume que la mejor respuesta es a la clomipramina antes que a
cualquier otro antidepresivo (Vallejo, 1998).
Otros
tratamientos biológicos y quirúrgicos también se han probado, como el lítio, la clonidina, el triptofano, los
antiandrógenos o la psicocirugía, de los que se han referido resultados
favorables, aunque la recomendación de
estos tratamientos sólo se hace en ausencia de respuesta demostrada al resto de
alternativas terapéuticas (Vallejo, 1998).
Sin
embargo, los tratamientos conductuales que incluyen la prevención de respuesta
y exposición en vivo son los que han demostrado la mayor efectividad, mostrando
una mayor estabilidad del éxito terapéutico a largo plazo: 70-75% de pacientes
asintomáticos en un seguimiento a 15 años (Vallejo, 1998)
2. Tratamiento conductual del TOC
Según
González Almendros (Mayor y Labrador, 1984) habría que dividir las teorías en
función de la adquisición o bien del mantenimiento de la conducta obsesivo‑compulsiva,
y en función de que sean teorías globales o específicas a los componentes de la
conducta problema. Se hará referencia a las teorías propuestas por los
siguientes autores:
Carr
(1974) y Meyer (1966) quienes plantean que la conducta compulsiva se produce
tanto para reducir la ansiedad como la expectación de desastre.
Seligman
(1970, 1971) propone que se adquiere en base a la Teoría de los dos factores de
Mowrer (1950) y mediante un condicionamiento preparado que consiste en que una
situación relacionada con la supervivencia de la especie humana se condiciona más
fácilmente a un estímulo incondicionado. La teoría de los dos factores hace
referencia a la asociación, mediante condicionamiento clásico, de un estímulo
condicionado (EC) con una estimulación incondicionada (EI) de tipo aversivo
durante un número de ensayos en los que el sujeto no da una respuesta de
evitación, como el EI es de tipo aversivo se considera que genera miedo y que
el EC por tanto también lo elicitará, así pues el primer factor de la teoría es
el condicionamiento clásico de miedo al EC; si tenemos en cuenta que el miedo
es un estado emocional aversivo que motiva al sujeto entonces su reducción
podría proporcionar un reforzamiento negativo, es decir, favorecer la
probabilidad de ocurrencia de una conducta negativa, y como el miedo está provocado
por el EC la interrupción de éste reduciría el nivel de aquel, así pues la
respuesta de evitación se aprende porque interrumpe el EC y por tanto reduce el
miedo condicionado, esto es el segundo factor de la teoría, es decir, un
reforzamiento instrumental de la respuesta de evitación a través de la
reducción del miedo. Ello va a permitir un paso para la aplicación de técnicas
terapéuticas mediante procedimientos de extinción de la evitación mediante
inundación o inhabilitación de la respuesta, pretendiendo la extinción de la
ansiedad, como veremos más adelante. En el caso de un TOC la cadena conductual
o análisis funcional de la conducta (AFC) sería formulada como sigue:
|
Estímulo discriminativo, ED Intrusión de idea obsesiva (Por un procedimiento de condicionamiento
clásico elicitaría un aumento del nivel de ansiedad) |
Respuesta, R Conducta motora (ritual
TOC) |
Contingencia, C Disminución de la ansiedad (refuerza negativamente la
respuesta ante la presencia del ED) |
A
este modelo se le han realizado críticas en particular por su excesiva
simplificación y no tener en cuenta ciertos aspectos del problema (Gainer,
1977). Así Walker y Beech (1969) indican que en algunos comportamientos
compulsivos se produce un aumento y no disminución de la ansiedad en contra de
lo propuesto por el modelo, así como no permite la explicación de la aparición
de diversos rituales en respuesta a un sólo estímulo.
Por
su parte Hernstein (1969) propuso como ampliación al modelo el que los rituales
serían reforzados y mantenidos por la evitación mas que por la diferencia ente
los niveles de ansiedad existentes antes y después de la emisión del
comportamiento, resultando una disminución relativa de la ansiedad, pero ésta
sería mucho más intensa si no se hubiera ejecutado el ritual. Esta modificación
al modelo permitiría explicar los fenómenos de aumento de ansiedad tras el
ritual, así como su multiplicidad.
Rachman
(1976) propone una predisposición constitucional y hereditaria caracterizada
por una excesiva sensibilidad a la crítica y al sentimiento de culpa
determinado por padres con excesiva atención, control y superprotectores,
siendo críticos, meticulosos y con altas metas, lo que generaría en el sujeto
con conducta compulsiva la evitación de tipo activa o pasiva; el origen de las
obsesiones y compulsiones proviene de un factor hereditario de tal forma que se
convierten en problema tras episodios depresivos o de exposición a stress;
estando demostrada la asociación entre ideas obsesivas y depresión (Rachman,
1971) y entre 1/3 y 2/3 de los casos pueden detectarse sucesos cotidianos
estresantes al inicio del cuadro (Bird y Harrison, 1987). Las respuestas
emocionales se mantendrían por estímulos desencadenantes.
Eysenck
(1976) en base a la Psicología del Aprendizaje propone una teoría explicativa
general y propone que los temores pueden ser innatos o adquiridos con cierta
sensibilidad a determinados estímulos neutrales, las respuestas de temor se
adquieren por condicionamiento clásico siendo el estímulo incondicionado la
"no recompensa" frustradora, así las consecuencias posibles del no
reforzamiento son la extinción o la incubación, ésta ocurre ante estímulos ya
condicionados que tiene la propiedad del impulso o "drive", lo que
implica que las respuestas condicionadas sean semejantes a las respuestas
incondicionadas, por tanto ciertas condiciones favorecen la incubación tales
como la presencia corta del estímulo condicionado, un estímulo incondicionado
fuerte y una alta distimia. Junto a Rachman (1978), ambos proponen que las
obsesiones y las respuestas emocionales asociadas se mantienen por incubación.
Beech
y Perigault (Beech, 1974; Gainer, 1977) proponen que los sujetos obsesivo‑compulsivos
tienen una predisposición a patologías de activación o arousal provocado por
hipersensibilidad a la frustración y castigo, generando deterioro en el estado
de ánimo y labilidad emocional con una recuperación lenta al estado de
normalidad; al no encontrar el sujeto explicación a sus cambios emocionales crea
la idea patológica y las conductas asociadas a ella, así la elevación de la
activación de forma progresiva facilita que un estímulo ambiental fortuito se
asocie a ella de forma que la conducta, cognitivo‑conductual del obsesivo‑compulsivo,
sea persistente y favorecida por la inestabilidad emocional, por lo que la
activación proporciona nuevas posibilidades de asociación con estímulos
ambientales fortuitos. En general la obsesión se produciría por
"estimulación" y la respuesta emocional asociada se produciría por un
estado elevado de arousal o activación fuerte y la lentitud en la inhibición y
vuelta a la normalidad.
Otros
autores proponen que la compulsión se mantiene por la reducción de la ansiedad
asociada aunque hay indicios de que las compulsiones puedan incrementar la
ansiedad, lo que supone que la eliminación de la ansiedad reduciría o
eliminaría la compulsión, lo cual puede ocurrir. Foa (1979) propone diferenciar
entre la idea obsesiva e idea sobrevalorada, y que los pensamientos obsesivos
son exageraciones de aspectos importantes del funcionamiento cognitivo del
individuo.
Polaino
(1987) propone que los factores genéticos y de aprendizaje familiar parecen
estar implicados en la emergencia de la alteración; el paradigma de evitación‑evitación
es uno de los que mejor explicarían el comportamiento dubitativo; el paradigma
del condicionamiento clásico explica bien la aparición reiterada de las ideas
obsesivas, mientras que la conducta de evitación sería un modelo explicativo
más pertinente para los rituales, estos rituales parecen operar reduciendo la
ansiedad; también hace referencia a la posibilidad de un aprendizaje vicario u
observacional. A pesar de lo anterior mantiene la propuesta de factores
genéticos implicados como vía explicativa de la aparición y mantenimiento de
las obsesiones y compulsiones.
Domjan
y Burkhard (1990) plantean que las obsesiones son pensamientos recurrentes
problemáticos que suscitan gran ansiedad, y siguen la línea de Rachman (1978)
por la que los pensamientos obsesivos son estímulos nocivos a los que el
individuo no está habituado, por lo que el tratamiento apropiado sería provocar
la habituación de las respuestas de ansiedad por tratamiento de exposición
prolongada a esas ideas u obsesiones, aunque inicialmente se incremente la
ansiedad para después reducirse según plantea experimentalmente Emmelkamp
(1982). Hacen referencia también a la relación entre la teoría de los dos
factores de Mowrer, al igual que Seligman, y la conducta compulsiva,
proponiendo que la ansiedad está inducida por un objeto o acontecimiento real o
imaginario y la compulsión es considerada como una conducta de evitación
reforzada por la reducción de la ansiedad, de forma que provocar
experimentalmente (Emmelkamp, 1982) la compulsión implica a un aumento de la
ansiedad y la ejecución de ella una reducción de la ansiedad; según esto el
procedimiento terapéutico consiste en un procedimiento de extinción de la
evitación por inundación o inhabilitación de la respuesta, es decir, se provoca
la compulsión pero se impide su ejecución, se inunda al sujeto con el estímulo
temido sin que se pueda ejecutar el ritual, se espera así que se produzca la
extinción de la ansiedad.
Un
planteamiento adicional importante es el propuesto por Horowitz (1975) el cual
expone que las personas pueden experimentar pensamientos intrusivos de forma
normal en su vida cotidiana sin que ello suponga la presencia de
psicopatología, y según Rachman y Silva (1978) estos pensamientos intrusivos
tienen características semejantes a las obsesiones pero sin que supongan la
aparición de un trastorno obsesivo‑compulsivo, por lo que Rachman (1971)
sostiene que las rumiaciones de carácter obsesivo pueden considerarse como
estímulos nocivos cotidianos a los que los pacientes no logran habituarse, como
se ha comentado anteriormente.
En
general, en las teorías anteriores se hace referencia a factores de tipo
genético y hereditarios, factores ambientales como características de padres, a
la teoría de los dos factores y a la reducción de la ansiedad como elementos
que están implicados en el origen y mantenimiento de las conductas obsesivo‑compulsivas
habiendo de diferenciarlas de las que son ideas intrusivas normales, ideas
sobrevaloradas y las cogniciones repetitivas que pueden presentarse en cuadros
de alteración del estado de ánimo como puede ser la depresión. Todo ello
plantea las bases para las técnicas de evaluación y de tratamiento como pueden
ser la inundación, la exposición y prevención de respuesta y la reducción de la
ansiedad a fín de la habituación de las conductas obsesivo‑compulsivas.
Según
Pasnau (1987) los métodos y principios conductuales están jugando un papel cada
vez mayor en la evaluación y tratamiento de casos diagnosticados como
trastornos por ansiedad. Rimm y Masters (1974) como teóricos de los principios
del aprendizaje sostienen que los principios de la conducta y desarrollo
normales son también aplicables al desarrollo y mantenimiento de las conductas
anormales, sin embargo Marks (1981) argumenta que esta proposición no ha sido
demostrada convincentemente; a pesar de ello el modelo de la Teoría del
Aprendizaje proporciona apoyo suficiente al investigador y clínico para la
formulación de hipótesis de trabajo útiles en cuanto al desarrollo y
mantenimiento de los diversos tipos de trastornos por ansiedad. Dollar J.
Miller (1950) y Wolpe (1958) en sus estudios con animales plantea como el
condicionamiento clásico, el condicionamiento instrumental y el aprendizaje
social pueden actuar en el desarrollo de trastornos obsesivo‑compulsivos;
ello dió lugar a otras investigaciones como las de Seligman (1975) que
añadieron más información sobre el papel potencial del aprendizaje en la
formación de las conductas rituales. La originalidad o diferencia fundamental
del modelo conductual respecto a otros modelos, médicos o psicodinámicos, es
que se centra en la conducta problema en sí misma y en las condiciones que la
mantienen. Kazdin (1978) propone una serie de pasos en el proceso de evaluación
y tratamiento conductual, es decir, tras haber realizado la evaluación
conductual habrán de fijarse objetivos terapéuticos y el enseñar al paciente
nuevas conductas o técnicas que permitan resolver de manera efectiva los
problemas existentes. Una vez iniciado el tratamiento la valoración es
importante e integrante de cada fase de tratamiento a fin de evaluar la
consecución de los objetivos propuestos, en caso de que ello no ocurra se habrá
de nuevo de evaluar las conductas problema, el establecimiento de objetivos y
los métodos terapéuticos empleados, provocando así una evaluación continuada de
la evolución de la conducta del sujeto.
Existe
una amplia gama de técnicas cognitivo‑conductuales factibles de
aplicación a los trastornos por ansiedad, pero todos tienen el denominador
común de exponer al sujeto a los estímulos temidos durante el tratamiento; por
ejemplo, en el caso de pensamientos obsesivos reiterativos la implosión es una
técnica posible de aplicación, a pesar del malestar que puede provocar durante
las sesiones terapéuticas (Pasnau, 1987). En la actualidad se aplican
conjuntamente técnicas cognitivo‑conductuales y farmacológicas que
permiten una mayo rapidez y efectividad en el control por parte del paciente de
su conducta problema y la instauración de conductas más adaptativas.
Mira
(1991) plantea que el tratamiento de elección es la exposición a los estímulos
que provocan ansiedad a fin de que tenga lugar un proceso de habituación y la
prevención de respuesta de todas aquellas conductas encubiertas o que tengan
lugar abiertamente que impidan un proceso de habituación.
La
habituación es la disminución y eventual desaparición de reacciones como
consecuencia de su repetición, como una adaptación negativa, en la cual el
organismo aprende a no responder aunque haya un enriquecimiento conductual
proveniente de la experiencia. Por su parte Domjan y Burhard (1990) proponen
que la habituación es la disposición decreciente del organismo para responder
como resultado de una estimulación repetida; es decir, el sujeto deja de
responder a un estímulo aunque siga siendo capaz totalmente de percibirlo y de
realizar la respuesta, y esta respuesta deja de darse porque los impulsos
neurológicos sensoriales no se transmiten a las neuronas motoras en base a un
proceso neurológico de habituación.
En la
práctica clínica es difícil la aplicación de esta técnica porque: 1) Las
rumiaciones, rituales cognitivos y las conductas de evitación son difíciles de
identificar y controlar; 2) El contenido de las obsesiones es idéntico que el
del ritual; 3) Las conductas encubiertas tiene lugar sin que sean interrumpidas
por la situación física o social, y por último, 4) La supervisión pierde
sentido; a pesar de ello afirma que no hay duda alguna de que el entrenamiento
en habituación conjuntamente con prevención de respuesta mejore los resultados
terapéuticos en estos pacientes, señalando que el seguimiento de los pacientes
con trastorno obsesivo‑compulsivo indica que alrededor de un 70% a 75%
mejoran significativamente ‑ 50% o más de mejoría ‑ cuando son
tratados con técnicas de modificación de conducta combinadas con frecuencia con
psicofármacos. Para mejorar la técnica de exposición y prevención de respuesta
se propone (Salkovskis y Westerbrook, 1989) mejorar los métodos de exposición
y, en segundo lugar, una explicación detallada de la prevención de respuesta de
los rituales encubiertos así como intentar identificar y resolver los problemas
que puedan ir surgiendo.
En
general, la valoración terapéutica con técnicas de modificación de conducta es
que son de destacada eficacia (Emmelkamp, 1982). Mira (1991) hace un repaso a
las técnicas de modificación de conducta generalmente más aplicadas como vía
terapéutica a trastornos obsesivo‑compulsivos, y hace referencia a la
prevención de respuesta como técnica utilizada para disminuir la frecuencia de
compulsiones del paciente con TOC (Marks, Hodgson y Rachman, 1975), y como
técnicas encaminadas a los rituales obsesivos la técnica de intención
paradójica, la parada de pensamiento, exposición y la intención sistemática.
Estas técnicas van encaminadas a la sintomatología obsesiva; la técnica de
exposición propuesta por Rachman es la técnica de mayor eficacia terapéutica
(Emmelkamp, 1982) que junto a la prevención de respuesta es lo que se denomina
como interrupción sistemática. Es factible que esta técnica permitiendo la
prevención de las compulsiones no provoque una disminución de las ideas
obsesivas, por lo que se recomienda incorporar técnicas de modificación de
conducta cognitiva (Robertson, Wendinggennsen y Kaplan 1983), McKay, Davis y
Fanning (1985) proponen como técnica cognitiva más efectiva para las obsesiones
y pensamientos no deseados la aserción encubierta, y como técnica cognitiva de
ayuda para combatir las compulsiones la sensibilización encubierta.
Exposición.
Se
trata bien de un método técnico de tratamiento o bien un componente de una
técnica terapéutica, puede realizarse una exposición en imaginación o "in
vivo", bien dirigida por el terapéuta o bien autodirigida por el propio
paciente. Como elemento terapéutico pertenece, entre otras técnicas, a la
Terapia implosiva o inundación. Esta técnica se ha utilizado con éxito en
trastornos conductuales como las obsesiones y compulsiones. Levis y Rourke
(Caballo, 1991) exponen que la teoría y terapia implosivas representan un
enfoque conductual para el tratamiento de la psicopatología, basadas
teóricamente en la extensión de la teoría de los dos factores del aprendizaje
de evitación de Mowrer; consiste en la presentación prolongada del estímulo
condicionado en ausencia del estímulo incondicionado, la tarea principal
pretende detener o eliminar la conducta de evitación exponiendo al paciente a
tantos estímulos de evitación como sea posible intentando obtener una completa
exposición al estímulo condicionado, ello va a generar altos niveles de
respuesta emocional pero que no va seguida de una respuesta incondicionada, por
lo que facilitan la condiciones para una ruptura de la asociación entre el EC y
la respuesta emocional la cual sufre un proceso de extinción.
Por
su parte Kwee (Caballo, 1991) propone en su referencia a la terapia multimodal
una serie de ciclos como factores etiológicos, de mantenimiento y de terapia en
cuanto a las conductas problema; plantea que el círculo IV sería
correspondiente a las ganancias primarias del paciente, como por ejemplo la
reducción de la tensión, y ofrece como ejemplo de conductas problema las
relacionadas con un comportamiento obsesivo‑compulsivo, aconsejando como
técnicas de tratamiento la exposición, la prevención de respuesta y las tareas
para casa graduadas. Del mismo modo hace referencia a la exposición como
técnica reductora de la ansiedad por medio de la exposición gradual prolongada
a la situación temida, y como técnica actual alternativa a la desensibilización
sistemática. También Meyer (1966) explica los motivos por los que la exposición
y prevención de la respuesta son técnicas de mayor eficacia que la
desensibilización sistemática para el tratamiento de la conductas obsesivo‑compulsivas,
basándose en que el sujeto podrá comprobar que las consecuencias temidas no
tendrán lugar si se le expone de forma prolongada a los estímulos temidos sin
dar la respuesta de evitación o la ejecución de los rituales, ya que se
considera las compulsiones como la respuesta de evitación.
González
Almendros (Mayor y Labrador, 1984) propone varios parámetros a tener en cuenta
a la hora de realizar un tratamiento con exposición: 1) El papel de la
exposición a los estímulos temidos; 2) El tipo de exposición; 3) La velocidad
de exposición; 4) El control de la exposición y 5) La duración de la
exposición.
En
cuanto a la exposición en imaginación para el tratamiento de las obsesiones
consiste en la exposición en imaginación a la obsesión y la prevención de los
componentes cognitivos para evitarla, según Rachman (1971) en su
"entrenamiento de habituación".
Prevención de respuesta.
Esta
técnica va orientada a la prevención de la respuesta compulsiva y es
dependiente, al igual que la exposición, de varios factores como el papel, la
velocidad, la supervisión y la duración de la prevención de la respuesta. La
técnica consiste fundamentalmente en la prohibición de ejecutar las conductas
compulsivas como medio para su extinción.
En
cuanto al papel de la prevención de la respuesta es imprescindible para la
extinción de la conducta compulsiva (Foa, Steketee y Milby, 1980) observándose
que la sola prevención de la respuesta afectaba a las compulsiones y generando
una leve mejora en la ansiedad elicitada por los estímulos temidos. Respecto a
la velocidad de la prevención de la respuesta compulsiva puede hacerse de forma
graduada o de forma brusca, sin que una forma de ambas parezca ser más
efectiva. Respecto a la supervisión es preferible una supervisión continuada, ya
que el sujeto al prohibírsele la ejecución de la conducta compulsiva
incrementaría su necesidad de realización (Rachman, 1971). Por último, en lo
referente a la duración de la prevención de respuesta no parece haber estudios
controlados, sin embargo, se suele proponer que es aconsejable una prevención
entre catorce y ventiún días.
Parada o interrupción de pensamiento.
Es
una técnica de autocontrol cognitivo desarrollada para la eliminación de
patrones de pensamiento recurrentes que son poco realistas, improductivos y/o
productores de ansiedad, y, o bien
inhiben la ejecución de una conducta deseada o bien sirven para iniciar una
secuencia de conductas indeseables (Gainer, 1977). Se aplica para detener los
pensamientos intrusivos y rumiados que el sujeto padece de forma obsesiva,
previamente el sujeto deberá ser capaz de detectarlos, dificultad que debe de
salvar debido a que tales pensamientos obsesivos pueden permanecer
automáticamente en el pensamiento del sujeto de forma continuada sin que sea
consciente de ellos y necesite un esfuerzo para detectar previamente estos
pensamientos automáticos para poder después hacer la detención del pensamiento
intrusivo. A veces será posible llegar a detectar y detener la rumiación de
pensamientos intrusivos; lo que puede ser realmente más difícil es impedir la
intrusión de ideas obsesivas, es decir, podrá el sujeto disminuir la frecuencia
de las rumiaciones pero puede ser realmente complicado reducir la frecuencia de
las intrusiones de ideas obsesivas. Por ello es necesario que previamente a la
detención del pensamiento obsesivo rumiado el paciente tenga capacidad de darse
cuenta que lo está rumiando para poder así detectarlo previamente a su
detención.
Aserción encubierta.
La
aserción encubierta es una técnica cognitiva que contiene dos componentes
dirigidos a reducir la ansiedad emocional, uno de ellos es la interrupción del
pensamiento y el otro la sustitución del pensamiento. El primero de ellos, la
interrupción del pensamiento, es propuesto por Bain a pricipios de Siglo XX y
aplicado posteriormente a los pensamientos obsesivos por Wolpe (1958); la
sustitución del pensamiento, el segundo de ambos componentes, fue propuesta por
Meichenbaum (1977) denominando al proceso como entrenamiento en inoculación al
estrés.
La
técnica de aserción encubierta se utiliza al inicio de pensamientos que generan
malestar emocional interrumpiéndolos y se llena el espacio vacío por
pensamientos positivos previamente preparados que sean más realistas, asertivos
o constructivos. El procedimiento de interrupción consiste en gritar la palabra
"basta" o "stop" hasta llegar progresivamente a la
interrupción subvocal sin necesidad de verbalizar la orden de interrupción, lo
cual habrá de repetirse reiteradamente hasta la extinción de los pensamientos
negativos a interrumpir. El procedimiento de sustitución supone el elegir
previamente frases a utilizar cognitivamente previa a la aparición, al
comienzo, durante y/o después de un suceso considerado como aversivo. La
aserción encubierta, según los principios del aprendizaje, actúa como castigo o
táctica distractora en el caso de la interrupción del pensamiento reduciendo la
probabilidad de recurrencia de los pensamientos negativos dejando paso a la
aparición de, y sustitución con, pensamientos más adaptativos; así las
emociones negativas quedarían cortadas, creando un circuito de
retroalimentación positivo en el cual los pensamientos adaptativos dan origen a
emociones más confortables que a su vez proporcionan un refuerzo positivo a la
aparición de aserciones positivas adicionales. Es útil para una amplia
constelación de pensamientos obsesivos, y especialmente cuando el cuadro
obsesivo‑compulsivo tiene una predominancia cognitiva más que
comportamental, ya que no pretende ser tan efectiva para el tratamiento de las
conductas rituales compulsivas (McKay, Davis y Fanning, 1985).
Sensibilización encubierta.
La
sensibilización encubierta es una técnica cognitiva desarrollada por Cautela
(1967) para tratar hábitos destructivos que han sido considerados como las
mayores fuentes de emociones dolorosas y se caracterizan por la asociación de
la ganancia a corto plazo y con la pérdida a largo plazo.
La
técnica, en general, es una forma de eliminar el hábito asociando la conducta
habitual, por ejemplo compulsiva, contingentemente con algún estímulo
imaginario muy desagradable, de forma que el hábito deja de evocar imágenes
placenteras y empieza a asociarse con algo nocivo y repulsivo hasta que los
hábitos pierdan la mayor parte o todo su atractivo. Entre estos estímulos
imaginarios aversivos pueden contemplarse la náusea, el dolor físico, el
ostracismo social, el rechazo o cualquier otra experiencia desagradable. Es una
técnica efectiva cuando se trata una situación particular pero no en
situaciones generalizadas, es decir, una persona se hace sensible a algo
desagradable que asocia a un hábito, en un marco o situación particular.
Desarrollando
aún más este tipo de condicionamientos encubiertos Cautela propone, en primer
lugar el reforzamiento positivo encubierto y la extinción encubierta (Gainer,
1977) asumiendo unos resultados conuctuales como los del condicionamiento
operante. En el reforzamiento positivo se procedería a la representación mental
del comportamiento deseado, seguido de manera inmediata por un estímulo
reforzador también imaginario, mientras que la en la extinción no habría
ninguna consecuencia contingente al comportamiento.
3. Hipnósis
La
hipnosis no es una terapia por sí
misma, sino una técnica especializada que puede ser empleada como catalizador
de las técnicas cognitivo‑conductuales utilizadas en el ámbito de la
Psicología Clínica. Los trabajos de Kirsch y sus colaboradores (Kirsch, 1990;
Kirsch, Montgomery & Sapirstein, 1995; Schoenberger, Kirsch, Gearan,
Montgomery & Pastyrnak, 1994;), demuestran que la hipnosis, cuando se
utiliza aneja a los tratamientos psicoanalíticos y cognitivo‑conductuales,
mejora ostensiblemente sus resultados.
En
tanto que la investigación no ofrezca pruebas irrefutables que sugieran un
cambio de "estado" cuantitativa y cualitativamente diferente del
estado de vigilia, debemos convenir en que los fenómenos hipnóticos provienen
de características psicológicas y sociales tales como la motivación, las
expectativas de entrar en trance, la creencia y la fe en el hipnotizador, el
deseo de agradarle y una experiencia positiva con el trance inicial
(subjetivamente interpretado por el sujeto como "muy relajante").
Existe
un cierto consenso en el hecho de que la aplicación de las técnicas de hipnosis
favorece la aparición de fenómenos psicológicos y psicofisiológicos que
caracterízarían al estado hipnótico y que han sido aceptados, con más o menos
reticencias, por la mayoría de los autores especializados (Miguel Tobal y
González Ordi, 1988):
S
Aumento de la
sugestionabilidad.
S
Aumento de la capacidad de
imaginería mental.
S
Aumento de la implicación
emocional respecto a situaciones imaginadas por el sujeto o sugeridas
directamente por el experimentador.
S
Focalización de la atención a
una situación estimular restringida: las sugestiones verbales y/o accesorias
dispensadas por el experimentador.
S
Distorsión de las variables
psicológicas de espacio y tiempo.
S
Automaticidad del
comportamiento.
S
Disminución de la capacidad
de análisis lógico‑racional y crítico de las situaciones.
S
Sensación de relajación
profunda.
S
Alteraciones
psicofisiológicas en relación directa con las características de las
sugestiones.
Son
multitud los procedimientos hipnosugestivos que pueden ser introducidos durante
la terapia. Dado que el espacio no nos permite desarrollar todo el conjunto de
aplicaciones susceptible de emplearse haremos una mención genérica para ofrecer
una idea general de este bagaje terapéutico:
S
Instrucciones y sugestiones
directas.
S
Visualizaciones y ejercicios de imaginación específicos.
S
Procedimientos de reducción
de ansiedad.
S
Ejercicios de energetización
/ activación.
S
Ejercicios de
reestructuración cognitiva (modificada para hipnosis).
S
Modificación de expectativas.
S
Ejercicios de autoafirmación
personal.
S
Empleo de metáforas y
asociaciones.
S
Instrucciones posthipnóticas.
S
Técnicas de transferencia de
estímulos.
S
Manipulación del síntoma
(Kroger and Fezler, 1976).
S
Distorsión del tiempo.
El
procedimiento para conseguir la inducción hipnótica, de forma abreviada y
siguiendo a Barber (1996), seguiría un esquema de seis pasos:
1 Suscitar la atención, el interés y la
cooperación del sujeto
2 Reducir el nivel de atención
3 Sugerir un foco de atención cada vez
más estrecho, dirigiendo esa atención hacia el interior
4 Sugerir la disociación
5 Ofrecer las sugestiones terapeuticas
6 Proporcionar sugestiones para
finalizar la experiencia
4. Metodología de análisis de datos
Uno
de los diseños más habituales para valorar si existe efecto de un tratamiento
sobre datos recogidos en forma de serie temporal es el denominado Diseño de
Series Temporales Interrumpidas (DSTI). Definido como una relación de puntos de
datos con un comienzo y un final en un espeacio concreto de tiempo y recogidos
de forma periódica (Campbell y Stanley, 1966; Bono y Arnau, 1997). Aunque este
tipo de diseños de recogida de datos presenta limitaciones para evaluar la
inferencia del impacto o efectividad del tratamiento, siempre es posible un
cierto tipo de análisis estadístico (ASTI) que permita detectar o minimizar los
efectos de la posible dependencia serial de los datos a analizar (Bono y Arnau,
1997)
Existen
procedimientos estadísticos como los modelos autorregresivos integrados de
medias móviles (ARIMA) que aún siendo de elección para el análisis de los DSTI
(Box y Jenkins, 1970; Barlow y Hersen, 1973; Glass, Willson y Gottman, 1975)
presentan inconvenientes metodológicos y de orden práctico como la gran
cantidad de datos necesarios por fase a analizar para establecer significación
estadísitca: Box y Jenkins (1970) establecen un mínimo de 100 datos, mientras
Glass, Wilson y Gottman (1975) lo hacen a partir de un mínimo de 50
observaciones.
Un
segundo problema de los modelos ARIMA es que son el resultado de una alta sofisticación
estadística y necesitan de gran complejidad de cálculo. Aunque están incluidos
en los programas de análisis de datos más conocidos como SSPC, BMDP o SAS (Bono
y Arnau, 1997), estos programas informáticos no son precisamente de fácil
acceso en general dado su alto coste económico, cuando no de formación
especializada en su uso.
Una
alternativa ASTI de fácil acceso es la propuesta por Tryon (1982) para DSTI
experimentales de fase A y B (línea base y tratamiento) mediante el uso del
estadístico C de Young, que presenta como mayores ventajas, en primer lugar la
escasa necesidad de datos necesarios por fase (a partir de 8 datos es válido
realizar inferencias estadísticas), y en segundo lugar, su fácil cálculo.
La
metodología ASTI propuesta por Tryon (1982) es el resultante de calcular
primero la C de Young correspondiente a los datos en solitario de la Fase A
(C1) y luego calcular la C de Young correspondiente a todos los datos, tanto de
la Fase A como de la Fase B (C2). Los resultados se interpretan:
1
Si C1 y C2 resultan no
significativas puede establecerse la no efectividad del tratamiento
2 Si C1 es no significativa pero C2 sí
lo es, se puede concluir efectividad del tratamiento
3 Si C1 es significativa,
independientemente de que C2 sea significativa puede concluirse la ineficacia
del tratamiento.
Aunque
el modelo propuesto ha sido comprobado mediante la simulación de datos Monte
Carlo para dos fases AB (DeCarlo y Tryon, 1993; Bono y Arnau, 1997) con
resultados que aconsejan el uso de la aproximación ASTI de Tryon, también es
cierto que se le han realizado críticas. Así Blumberg (1984) advierte que
pueden existir errores de interpretación en el estadístico C de Young si se
comparan dos fases que muestren tendencias pero con distinta pendiente, o con
la misma pendiente pero distinto punto de interceptación, e incluso en casos de
dependencia algebraica. Por otra parte Crosbie (1989) señala que esta
aproximación de Tryon sólo es efectiva para retardo 1, obviando cualquier
interpretación para otro tipo de retardos.
De
todas formas puede concluirse que pragmáticamente es una buena forma de
plantearse el análisis de series temporales, en particular en intervenciones
aplicadas que no necesitan de una base metodológica y de generalización tan
potentes como las básicas. Siempre que no se olvide que a lo que realmente hace
referencia el estadístico C de Young es a una tendencia contrastada
estadísticamente encontrada en la distribución de datos observada, esto es, a
una distribución no aleatoria.
Independientemente,
y siguiendo con la misma lógica de razonamiento, sobre el modelo ASTI revisado
sí habría que añadir algunas reflexiones que pudieran mejorar su potencia
descriptiva:
S
En el supuesto 1, con C1 y C2
no significativas, antes de concluir ineficacia del tratamiento, sería cuestión
de replantear el tipo de análisis de datos, en particular si la C de Young de
la fase B también fuera no significativa, debiendo entonces concluirse que el análisis de datos necesitaría de alguna
prueba estadística de otro tipo.
S
En el caso 3, si C1 es
significativa y C2 no, debería plantearse en primer lugar el aumento de datos
en la fase A hasta conseguir la máxima capacidad predictiva del estadístico
(>25 observaciones), antes de concluir inestabilidad de la fase.
S
En el caso 3, además, con C1
significativa y C2 significativa, sería recomendable recapitular sobre la
ineficacia del tratamiento, atendiendo a las críticas de Blumberg (1984) y
Crosbie (1989)
Bases estadísticas.
Las
fórmulas mediante las que se calcula el estadístico C están basadas en una
razón de von Neumann generalizada y permiten probar la aleatoriedad de un
conjunto de medidas ordenadas secuencialmente (fórmula 1), se establece,
además, un error estándar de la prueba que está en relación con la longitud de
la serie (fórmula 2), y por último se establece una significación mediante un
estadístico Z normal (fórmula 3) para n valores, que muestra significación a
partir de 8 valores a una cola (Tryon, 1982; Bono y Arnau, 1997).
|
Fórmula 1 n-1 E(xi - xi+1)2 i=1 C = 1 - ---------------------- n 2 x E(xi -
xmedia)2 i=1 |
Fórmula 2 n - 2 Error estándar = p [-------------]
(n-1)x(n+1) |
Fórmula 3 C Z = ------------------ error estándar |
5. Caso clínico
Se
presenta, como conclusión a las bases teóricas expuestas el trabajo realizado
con una paciente ambulatoria en la Unidad de Salud Mental del INSALUD de Ceuta.
El procedimiento requirió de 7 sesiones con un encuadre semanal en sesiones de
20 minutos.
Mujer
37 años, estudios básicos acordes a grupo social de referencia (primera mitad
de vida en el norte de marruecos), casada, tres hijos (13, 12 y 1 año
respectivamente) en tratamiento psiquiátrico desde hace 4 años, a raíz de
violación con resultado de trastorno del estado del ánimo y por estrés postraumático
sufrida dos años antes de la consulta, del que evolucionó favorablemente,
persistiendo diagnostico de TOC en aquel momento y refiriendo la clínica una
historia previa a la consulta psiquiátrica de seis años de evolución del
trastorno. Tratamiento en aquel momento con clomipramina que abandona por no
encontrar mejoría. Acude a consulta de psicología tras tres meses de nuevo
tratamiento psiquiátrico por TOC con sertralina (100 mg) y carbamacepina (200
mg) sin percibir mejoría en el motivo de consulta.
Las
dos primeras sesiones se realizaron en entrenamiento en autorregistro,
encontrándose como conducta compulsiva más llamativa y frecuente en la
actualidad la necesidad de lavarse repetidas veces las manos tras cambiar los
pañales del hijo de menor edad.
Se
diseñó una intervención exploratoria a corto plazo utilizando un modelo de
tratamiento de exposición y prevención de respuesta realizado en imaginación
bajo sugestión hipnótica basada en el reforzamiento positivo encubierto de
Cautela y la prevención de respuesta utilizando en las sesiones de tratamiento
una inducción hipnótica.
En el
desarrollo de las sesiones se procedía en primer lugar a una inducción
hipnótica con sensaciones de relajación y bienestar, una vez conseguida esta
fase se procedía mediate inducción de imágenes en la que la cadena conductual
en la paciente era
|
ED Cambiar pañales |
R Lavarse una sola vez las
manos |
C Sensación de bienestar y
falta de ansiedad |
|
|
La
contingencia de respuesta era inducida mediante sugestión expresa de
sensaciones tras presentar la cadena ED-R. Asimismo, para garantizar la
adherencia al tratamiento, le era entregado a la paciente una gráfica con los
resultados obtenidos procesados desde la sesión anterior.
Diario terapeutico
1ª
sesión: Recepción de la demanda y
establecimiento de medida de registro: acumulativo con transcripción de todos
los episodios de lavados y nº de veces que era necesario realizar el
comportamiento compulsivo en cada ocasión que se presentara (probabilidad de
emisión y potencia del ritual)
|
|
2ª
sesión: Devolución de los términos
del diagnostico y AFC en relación al modelo de Mowrer.
3ª
sesión: inducción hipnótica
4ª
sesión: Suspendida por problemas
de salud del terapeuta
5ª
sesión: Inducción hipnótica
6ª
sesión: Inducción hipnótica
7ª
sesión: Recogida de datos,
solicitud de autorización para publicación y pacto de suspensión provisional
del tratamiento
Los
resultados obtenidos a lo largo de la intervención se recogen en los gráficos
adjuntos (1, sobre probabilidad, y 2, sobre potencia) del ritual, en el que se
separan los resultados del autorregistro realizado por la paciente en las dos
primeras sesiones (13 observaciones) y los realizados durante la intervención
(31 observaciones). Las gráficas intuitivamente parecen avalar que se produjo
un cambio de tendencia una vez que se comenzó el tratamiento.
Realizado
el cálculo de los estadísticos C de Young, siguiendo la metodología de Tryon, y
utilizando un riesgo alfa de comparación de 0.01 a una cola (Z=2.33), revisada
anteriormente se obtiene.
|
Probabilidad de
conducta C1= 0.52 error estándar= 0.26 Z= 1.96 P= No significativa C2= 0.90 error estándar= 0.14 Z= 6.37 P> 0.001 |
Potencia de
conducta C1= 0.58 error estándar=
0.26 Z= 2.20 P= No significativa C2= 0.70 error estándar=
0.14 Z= 4.96 P> 0.001 |
Estos resultados avalan,
metodológica y estadísticamente, la conclusión de la existencia de resultados
en la intervención según el tipo de diseño de datos utilizado.
Para terminar señalar que le trabajo
efectivo con la paciente es de 3 sesiones de 20 minutos, una hora en total, lo
que avala la posibilidad de que a equiparación de resultados se pueda comparar
muy ventajosamente en cuanto a eficiencia los tratamientos conductuales
coadyuvados de hipnosis.
De todas formas, no es el objetivo
de este trabajo otro que el presentar algunos instrumentos, metodológicos y de
actuación, que en todo caso permitan plantear futuras hipótesis de trabajo e
investigaciones con mayor rigor metodológico que puedan aportar futuros datos
sobre la idoneidad, y en qué casos en particular, este tipo de abordajes pueda
ser una indicación terapéutica.
6.
Referencias.
American Psychiatric Asociation, APA (1994).
Diagnostic Criteria from DSM-IV. Wasington, DC: APA (trad cast. Barcelona:
Masson)
Barber, J (1996). Hypnosis and suggestion in the
treatment of pain, clinical guide. New York, NY: WW Norton Company (trad.
cast. Bilbao: DDB)
Barlow, DH y Hersen, M (1973). Single-case
experimental designs: use in applied clinical research. Archives of General
Psychiatry, 29:319-325.
Beech, HR (1974).
Obsessional states. Londres: Methuen.
Bird, J. y Harrison, G. (1987). Examination notes
in psychiatry. Bristol: Wright.
Blumberg, CJ (1984). Commnets on “A simplified
time-series analysis for evaluating treatment interventions” Journal of
Applied Behavior Analysis, 17:539-542
Bono, R y Arnau, J (1997). Estadísitico C: Aplicación
a diseños conductuales. Revista Latinoamericana de Psicología, 29 (1):49-63
Box, GEP y Jenkins, GM (1970). Time series analsis:
forecasting and control. San Francisco, CA: Holden-Day
Caballo, VE (1991). Manual de técnicas de terapia y
modificación de conducta. Madrid: Editorial SXXI.
Carr, AT (1974). Compulsive neurosis: A review of the
literature. Psychological Bulletin, 81, 311‑318.
Campbell, DT y Stanley, DJ (1966). Experimental and
quasi-experimental designs for research. Chicago, IL: Rand MacNally
Cautela, JR (1967). Covert sensitizacion, Psychological
Reports, 20: 459‑468.
Crosbie (1989). The inappropiateness of the C
statistic for assessing stability or treatment effects wiht single-subject
data. Behavioral Assessment, 11:315-325
Decarlo, LT y Tryon WW (1984). Estimating and testing
autocorrelation with small samples; A comparison of the C-statistic to a
modified stimator. Behavioral Research Therapy, 31(8):781-788
Domjan, M y Burkhard, B (1990). Principios de
aprendizaje y conducta. Madrid: Editorial Debate.
Emmelkamp, PMGO (1982). Phobic and obsessive‑compulsive
disorders: Theory, research and practice. NewYork, NY: Plenum.
Eysenck, HJ (1976). The learning theory model of
neurosis. A new approach. Behavioral Research, 14, 251‑267.
Foa, EB. (1979). Feilure in treating obsessive‑compulsives.
Behaviour Research and Therapy, 7:169‑176, 1979.
Foa, EB., Steketee, G y Milby, JB (1980). Differential
effects of exposure and response prevention in obsessive‑compulsive
washers. Journal of Consulting and Clinical Psychology ,48:71‑79.
Gainer, J (1977). Conductas obsesivo compulsivas. En
MA Bouchard, L Granger y R Ladoceur: Principes et apllivatons des therapies
behaviorales. París: Edisem (trad .cast. En Madrid: Editorial Debate). 237-261
Glass, GV; Wilson, VL y Gottman, JM (1975). Design
and analysis of time-series experiments. Boulder, CO: Colorado Associated
Press
Hernstein, RJ (1969). Method and theory in the study
of avoidance. Psychological Review, 76: 49-69.
Horowitz M
(1975). Intrusive and repetitive thougths after experimental stress. Archives
of General Psychiatry 23:457‑463.
Kazdin, AE (1978). History of behavior modification.
Baltimore: University Park Press, (trad. Cast. Bilbao: DDB)
Kirsch, I (1990). Changing expectations. A key to
effective psychotherapy. Pacific Grove, Ca: Brooks Cole Publishing Company.
Kirsch, I, Montgomery & Sapirstein, G. (1995).
Hypnosis as an adjunto to cognitive‑ behavioral psychotherapy. A meta‑analysis.
Journal of Consulting and Clinical Psychology, 63, 214‑220.
Kroger, W.S. and Fezler, W.D. Hypnosis and
Behaviour Modification: Imagery
Conditioning. Philadelphia: Lippincott, 1976.
Marks, I (1981). Cure and care of the neurosis.
NewYork, NY: J. Wiley & Sons.
Marks, I Hogdson, R y Rachman, S (1975). Treatment of
chronic OCD 2 years after in vivo exposure. British Journal of Psychiatry,
127, 349‑363.
Mayor, J y Labrador, J (1984). Manual de
Modificación de Conducta. Madrid: Editorial Alhambra
McKay, M, Davis, M y Fanning, P (1985). Técnicas
cognitivas para el tratamiento del estrés. Barcelona: Editorial Martínez
Roca
Meichenbaum, D (1977). Cognitive behavior
modification. New York: Plenum Press.
Meyer, V (1966). Modification of expectancies in cases
with obsessional rituals. Behavioral Research and Therapy, 4:273‑280.
Miguel Tobal JJ y González Ordi, H (1988). La
analgesia hipnótica: un análisis de las principales aportaciones experimentales
y clínicas de la hipnosis al tratamiento psicológico del dolor. Revista
Española de Terapia del Comportamiento, 6, 251‑270.
Miller, DJ (1950). Personality and psychotherapy:
an analysis in terms of learning. Thinking and culture. New York, NY:
McGraw‑Hill.
Mira, JJ (1991). Neurosis obsesiva con tratamiento de
exposición autoaplicada. Cuadernos de Medicina Psicosomática, 18:25‑33
Mowrer, OH (1950). Learning theory and personality
dinamic. New York, NY: Arnold Press
Pasnau, RO (1987). Diagnóstico y tratamiento de los
trastornos de ansiedad. Madrid:
Edifarma.
Polaino Lorente, A (1987). Psicología Patológica,
Madrid: UNED
Rachman, S (1971). Obsessional rumiations, Behaviour
Research and Therapy, 9:229‑235.
Rachman, S (1976). Obsessional‑compulsive
cheking. Behavioir Research and Therapy, 14:269‑277.
Rachman, S (1978). An anatomy of obsession. Behavior
Analysis and Modification, 2:253‑258.
Rachman, S y Silva, P (1978). Abnormal and normal
obsessions. Behaviour Research and Therapy, 16:23‑248.
Rimm, DC y Masters, JC (1974). Behavior therapy:
Thechniques and empirical fingings. New York, NY; Academic Press.
Robertson, J,
Wendiggensen, P y Kaplan, I (1983). Toward a comprehensive treatment and
development, Behaviour Research and Therapy, 21:347‑356.
Salkovskis, P y Westbrook, D (1989). Behaviour therapy
and obsessional rumiations: can failure be turned into success?. Behvior
Research and Therapy, 27:149‑160.
Schoenberger, NE, Kirsch, I, Gearan, P, Montgomery, G
y Pastyrnak, SL (1994). Hypnotic
enhancement of a cognitive‑behavioral treatment for public speaking anxiety. En I. Kirsch (jChair), Suggestive
enhacement of behabior therapy‑empirically validated techniques.
Simposium celebrado en the 102nd. APA Convention. Los Ángeles, CA. USA.
Seligman, MEP (1970). On the generality of the laws of
learning. Psychological. Review, 77:406‑418.
Seligman, MEP (1971). Phobias and preparedness. Behavior
Therapy,2:307‑320.
Seligman, MEP (1975). Helplessness. San
Francisco, CA: Freeman.
Tryon, WW (1982). A simplified time series analysis
for evaluating treatment interventions. Journal of Applied Behavior Analysis,
15:423-429
Vallejo, J (1987). Estados obsesivos.
Barcelona: Salvat Editores
Vallejo, J (1998). Introducción a la psicopatología
y la psiquiatría, 4ªed. Barcelona: Masson.
Walker, VJ y Beech, HR (1969). Mood state and the
ritualistc behaviour of obsessional patients. British Journal Psychiatric
115:1261‑1268.
Wolpe, J (1958): Psychotherapy by reciprocal
inhibition. Stanford, NJ: University Press. (Trad. cast. en Bilbao: DDB)
Yaryura-Tobias, J y Neziroglu, F (1983). Obsessive-compulsive disorder. New York, NY: Dekker.