Tratamiento: Obsesiones y manías

La mayoría de nosotros sabe lo desagradable que puede ser el agobio de las preocupaciones incesantes. Después de salir de casa y mientras nos dirigimos al trabajo podemos pensar: “¿me acordé de cerrar la puerta al salir?”. Nos tranquilizamos diciendo que lo hicimos. Pero unos segundos más tarde el interrogante reaparece, con la misma intensidad: “¿lo hice realmente?”. Ahora, en nuestra mente puede que se representen las consecuencias catastróficas de esa eventual negligencia. “si no la cerré, puede entrar alguien. Seguro que cuando vuelva me encuentro que me han desvalijado. ¡Es terrible!. ¡Cómo puedo ser tan estúpido!. Durante varios minutos, por más que lo intentemos, no podemos liberarnos de esta incertidumbre.

Las preocupaciones insistentes implican pensamientos que causan malestar y ansiedad. Pero los pensamientos molestos específicos implicados en la preocupación cambian de un día a otro. Si nuestro jefe pasa a nuestro lado sin, ni siquiera, dirigirnos la mirada, podemos preocuparnos y pensar: “Quizás está enfadado conmigo, ¿qué habré hecho mal?”. Incluso podríamos estar durante el día dándole vueltas. Pero al día siguiente olvidamos esta inquietud y pasamos a otra.

Las obsesiones, por otra parte, son “preocupaciones” relativamente estables: los mismos pensamientos, imágenes o impulsos aparecen en forma reiterada y resultan perturbadores y alarmantes, llegando a provocar a menudo un sentimiento de vergüenza y los intentos de desecharlos son, en la mayoría de los casos, infructuosos.

El contenido de las obsesiones varía de un individuo a otro. Algunas obsesiones giran en torno a la posibilidad de llegar a enfermar. Otras, se refieren al descuido de responsabilidades y al daño que esto puede ocasionar: olvidar cerrar la llave del gas y provocar una explosión, u olvidar echar el cerrojo a las puertas por la noche y que la familia sufra el asalto de un atracador. Formas más graves de obsesiones, se relacionan con la contaminación, tales como el contacto con gérmenes al coger objetos o tocar a alguien. Otras personas experimentan preocupación acerca de la comisión de actos violentos, como envenenar al cónyuge o coger un cuchillo y clavárselo a un hijo.

No resulta sorprendente que la mayoría de los individuos busquen modos de conseguir alivio para sus preocupaciones y obsesiones, aunque sea de manera temporal. Deseamos deshacernos de las obsesiones y evitar las consecuencias terribles y alarmantes que puedan producirse. Son las compulsiones o rituales que las que desempeñan el papel de buscar alivio. Si bien tales comportamientos pueden ser persistentes, repetitivos, involuntarios, y difíciles de soportar, son los únicos modos que muchas personas conocen para controlar la inquietud. Por tanto, cada vez que las obsesiones aparecen, sienten el impulso de ejecutar ese ritual. Las compulsiones pueden ser una molestia simple como verificar la puerta, o tan agobiante como el continuo lavado de manos para evitar contaminarse. Otros rituales incluyen la limpieza, comprobación o verificación de objetos, la colocación de objetos en un orden exacto y la repetición de acciones, palabras, frases o plegarias, todo ello con el objetivo de reducir el malestar.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Aún cuando muchas personas sufren de este tipo de problemas, hasta hace relativamente poco tiempo no se disponía de programas específicos y eficaces para su intervención. Pero durante las últimas décadas, muchos investigadores clínicos han estado explorando la utilización de nuevas formas de tratamiento, la terapia cognitivo conductual. Esta terapia consiste, en breves palabras, en técnicas específicas que ayudan a la gente a librarse de sus imágenes, pensamientos y creencias no deseados, así como a prevenir la respuesta de compulsión y, por tanto, eliminar la realización de rituales. El trabajo consiste en identificar los pensamientos obsesivos, aprender a sustituirlos por otros alternativos y más adaptativos y en dejar de atemorizarse por las imágenes mentales. También consiste en aprender a hacer frente a esas situaciones que han eludido en el pasado en la medida de que desencadenaban las obsesiones o incrementaban el malestar generado por las consecuencias temidas y en cambiar los patrones de pensamiento que alimentan y mantienen el problema.

Durante el tratamiento cognitivo-conductual, la labor del terapeuta consiste en guiar a los pacientes a través de un programa estructurado y gradual.

Lo más importante para las personas que sufren este trastorno es que sean conscientes de las posibilidades de mejorar. La mayoría no conoce a nadie que hable abiertamente de sufrir obsesiones y compulsiones por lo que están acostumbrados a llevar su problema en silencio debido también al contenido de las obsesiones, que en muchas ocasiones les resulta vergonzante. Se sorprenderían hasta que punto no son seres excepcionales, sino que es un problema común a muchas personas y para el cual desde la perspectiva cognitivo-conductual se ofrecen estrategias eficaces para su eliminación o, dependiendo del caso, su mejoría.